sábado, 12 de noviembre de 2011
Girasoles y seguir
Hace unos días me dijeron,"tengo nostalgia de tu cuerpo, tengo nostalgia de vos..." y yo me quedé pensando que estaba escuchando las palabras más tristes y más dulces al mismo tiempo que pueda oir un corazón de mujer.
Pero yo, yo que tengo esto nuevo que me persigue, esta imposibilidad de comunicarme con el medio exterior, dejo pasar la vida y la miro por la ventana.
Miro cómo los demás viven y miro cuánto me estoy perdiendo yo, desde la naturaleza hasta los hechos
culturales, desde una caminata hasta un concierto de ópera, desde una llamada telefónica hasta encontrarme con un hombre amado...
Continúo con mis cavilaciones y llego a la conclusión que esto que hago no es vivir, es mínimamente una supervivencia, un aferrarme a la vida de una ramita, no es tomar al árbol con los dos brazos y apretarlo en un abrazo enorme que me transmita toda su vegetal energía.
Pienso, hechos como ese quiero realizar, quiero salir en la mañana y que la brisa y el sol me den en la cara, quiero mirar el cielo y ver el sol atravesándolo, quiero salir en un auto de mi casa y recorrer muchos kilómetros de ruta y en un determinado momento bajarme junto con el hombre que debería ser mi compañero de vida y meternos entre los girasoles, traspasar el alambrado y correr por los pasillos del sembradío y rozar mi rostro contra esos florones hermosos que tanto nos dan, acaraciarlos y que ellos me acaricien, sentir su savia corriendo por sus tallos y que su clorofila me transmita nueva vida, para seguir, para poder seguir, para tener ganas de seguir... viviendo...
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